sábado, 21 de agosto de 2010

Chóferes de nucas sangrantes

"Me sucedió dos veces en Buenos Aires, pero la segunda vez me impresionó más, porque al carácter anómalo —“inusitado”— de la escena, venía a sumarse la desagradable sensación de es­tar viviendo algo por segunda vez. Y a nadie le gusta sentir más de una vez en la vida que está viviendo por segunda vez algo que se repite. ¿No es cierto?

Tal vez lo sea. Yo, en ambas oportunidades, vi correr por la nuca del chofer un hilito de sangre. Fueron jueves, distintos jueves del mismo año y eran choferes cincuentones, choferes viejos, choferes de una edad poco frecuente entre choferes de taxi en estos tiempos en los que es más habitual que la profe­sión de chofer de taxi sea escogida por hombres de veinticinco, treinta, cuarenta años a lo sumo, gente que deja sus empleos, cobra una pequeña indemnización y —como dicen ellos— "se pone" un taxi, un automóvil —como dicen ellos— "para pu­cherear", y viven de eso: pucherean. Por lo general se trata de hombres recién casados y algo en común debe existir en­tre los hábitos de poner una familia y "poner un taxi", pero no seré yo quien se ponga a comparar ambas costumbres en este momento..."

                                                                               
Extraído de "Dos hilitos de sangre"