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martes, 25 de diciembre de 2012

la naturaleza y el hombre

"... Dormir o jugar al ajedrez. No hice ninguna de las dos cosas, ni esa noche ni las siguientes. Bajaba de la casa de piedra y, pasando de largo por la explanada que daba a la terraza de mi cuarto, descendía hasta el camino principal y me iba a caminar por las alamedas.  La serenidad de la noche, la vehemencia del perfume de los árboles, el esplendor del silencio, me hacían concebir ideas extrañas y pueriles que creía muertas en mi corazón y que volvían a mí desde el fondo de los años como a través de una tierra calcinada. No tengo empacho en confesarlo. La palabra Paraíso puede cifrar una de esas ideas; el nombre de Christiane, otra. Una de esas noche, con la cara ardiente y tal vez un poco  afiebrado, subí por el camino de la cascada y las dos palabras se transformaron súbitamente en otra: expulsión. El rumo sordo del agua, magnificado por la oscuridad, causaba un poco de inquietud. Era una noche cálida como de verano, pero sentí frío. Me senté con la espalda contra un árbol, al borde de la hondonada, y me levanté todo lo que pude el cuello de la camisa. ¿Cuándo fue que la naturaleza comenzó a darnos miedo?, ¿cuándo fue que la noche, su inocente ciclo cotidiano, comenzó a atemorizarnos? No había nada en esa oscuridad, en ese rumor del agua que caía allá en el fondo, en esos temblorosos macizos de árboles entre cuyas ramas chillaba de tanto en tanto un pájaro sobresaltado, nada que estuviera contra mí. Sin embargo, la amenaza acechaba en alguna parte, elemental e innominada. ¿Cómo y por qué se rompió el pacto entre nosotros y la creación? Tal vez hubo una época en que el hombre se sintió en perfecta armonía con el mundo que lo rodeaba, pera era tan difícil creerlo. Lo que a falta de una palabra mejor, ahora, al escribirlo llamo miedo - esa inquietud, el frío, la sensación de extrañeza - no estaba en las cosas ni venía de las cosas. Estaba en mí."


Extraído de "El evangelio según Van Hutten"

sábado, 27 de marzo de 2010

Escúchame...

"...Escúchame, César, yo no sé por dónde andarás ahora, pero cómo me gustaría que leyeras esto, porque hay cosas, palabras, que uno lleva mordidas adentro y las lleva toda la vida, hasta que una noche siente que debe escribirlas, decírselas a alguien, porque si no las dice van a seguir ahí, doliendo, clavadas para siempre en la vergüenza. Escúchame..."

Extraído de "El marica"

viernes, 27 de marzo de 2009

"...Ahí está lo que a mi me aterra, que podrías ser tu cielo, tu felicidad, tu calma. Ahí está y lo veo. Y quizás me toca, me babea o me quema, y me habla a mi con voz que para tu oído puede ser música. No es, como creía Goya, que el sueño de la razón engrendre monstruos: es la vigilia de la razón la que los engendra...Wagner, por favor, me parece que estoy quemando la cama. Gracias. Y lo curioso, y de ahí la rareza casi inexplicable del delirio, es que esa per-so-na-li-dad de la psicosis sea, al mismo tiempo, la posibilidad de cordura del...sujeto.


Extraído de "El que tiene sed"