"Yo escribo cuando tengo tiempo, pero también tengo que ganarme el pan y tengo que hacer muchas otras tareas. 'Los Soria', por ejemplo, lo escribí francamente robándole tiempo a otras cosas y me trajo furias enormes. Las cosas tienen que ser escritas cuando a uno se le ocurren efectivamente porque después pasa el tiempo y uno no se acuerda o no puede... No sé, no se acuerda. A mí me interesa muchísimo la realidad, siempre me interesó. Yo no uso paradojas como Wilde, pero sí uso el delirio. El delirio, no el patológico que no me interesa, sino el delirio creador sirve también como la paradoja para ver a la realidad en la cuerda floja. Por eso comencé citándolo a Wilde. El delirio exagera, magnifica o achica, reduce o hace a las cosas enormes: la literatura se transforma en microscopios o en grandes telescopios. El delirio construye, distorsiona, no aleja de la realidad: sirve para verla mejor y ése es mi método de realismo delirante. Pero es, básicamente, realismo. Yo creo que soy realista... delirante, claro. En ningún momento desprecio o dejo de lado la realidad. Siempre quiero decir cosas, explicar cosas. Intentar explicar cosas de la vida, del universo, de la religión. Qué si no el humor nos ha sostenido en este tiempo terrible. Sin sentido del humor es muy difícil, yo creo que no se puede sobrevivir. Y ahí uno sí cae en el nihilismo. Sin sentido del humor te vas en picada: allá te espera el nihilismo. A mí no me interesa ese final para mí. No me interesa. El humor me salva. Me ha salvado del hambre, del frío, de las desilusiones amorosas... de muchas cosas me ha salvado el humor."