El doctor Strauss agitó la cabeza.
—No. Sé lo que quiere decir. Se manifestó recientemente en las sesiones de psicoterapia. Desde hace aproximadamente un mes se ha evidenciado una extraña disociación. Ha experimentado varias veces la sensación de verse a sí mismo como era antes de la experiencia —en tanto que individuo distinto y separado que tiene aún una existencia real al nivel de su consciente—, como si el antiguo Charlie Gordon luchara por tomar de nuevo posesión de su cuerpo.
—¡No! ¡Yo no he dicho nunca esto! No lucha por tomar de nuevo posesión de su cuerpo. Charlie está ahí, de acuerdo, pero no lucha conmigo. Simplemente espera. Nunca ha intentado dirigir mis actos ni impedirme hacer lo que yo quería hacer —después, recordando a Alice, rectifiqué—: Bien, casi nunca. El Charlie humilde, discreto, del que hablaban hace un momento, espera pacientemente. Confieso que lo aprecio por muchas razones, pero no por su humildad ni por su discreción. He aprendido lo que esto degrada a una persona en nuestro mundo.
—Te has vuelto cínico —dijo Nemur —. Esto es todo lo que te ha dado esta oportunidad. Tu genio ha destruido tu fe en el mundo y en tu prójimo.
—Esto no es totalmente cierto —dije suavemente—. Pero he aprendido que la inteligencia por sí sola no significa gran cosa. Aquí, en su Universidad, la inteligencia, la educación, el saber, se han convertido en grandes ídolos. Pero ahora sé que hay un detalle que han olvidado: la inteligencia y la educación que no han sido templadas en el afecto humano no valen gran cosa.
Tomé otro martini del bar y proseguí mi sermón.
—Entiéndanme bien —dije—. La inteligencia es uno de los mayores dones del hombre. Pero demasiado a menudo la búsqueda del saber oculta la búsqueda del amor. Esta es otra de las cosas que he descubierto por mí mismo recientemente. Se la ofrezco en forma de hipótesis: la inteligencia sin la capacidad de dar y recibir un afecto conduce al derrumbe mental y moral, a la neurosis e incluso a la psicosis. Y digo que la mente absorbida en un interés egoísta tomado como un fin en sí mismo, con exclusión de toda relación humana, no puede conducir más que a la violencia y al dolor..."
Extraído de "Flores para Algernon" - Daniel Keyes