¡Ego: anagrama de geo! ¡El yo: mera transpocisión de la tierra! ¡La carne: engarce telúrico del hombre! ¡Ego, geo!
Abismándose en la propia ontología, llegó teóricamente al fuego central de Descartes. -¿El corazón?- Traspuso la corteza de la antípoda. -¿El instinto?- Y ya en el vacío inmenso, engranó en la mecánica de Laplace. -¿El pensamiento?-No pudo contestarse las preguntas intuidas. Sentía la impostura de los goznes falsos de la cosmología. Estaba en trance de considera el error geocéntrico y el error egocéntrico. Pero se retuvo. Geo igual a ego. Y volvió desde el abismo, elásticamente, al nivel del sentido común. Nada de cateos. ¿Para qué? ¿Para qué?..."
Extraído de "Caterva"