Extraído de "El evangelio según Van Hutten"
martes, 25 de diciembre de 2012
la naturaleza y el hombre
"... Dormir o jugar al ajedrez. No hice ninguna de las dos cosas, ni esa noche ni las siguientes. Bajaba de la casa de piedra y, pasando de largo por la explanada que daba a la terraza de mi cuarto, descendía hasta el camino principal y me iba a caminar por las alamedas. La serenidad de la noche, la vehemencia del perfume de los árboles, el esplendor del silencio, me hacían concebir ideas extrañas y pueriles que creía muertas en mi corazón y que volvían a mí desde el fondo de los años como a través de una tierra calcinada. No tengo empacho en confesarlo. La palabra Paraíso puede cifrar una de esas ideas; el nombre de Christiane, otra. Una de esas noche, con la cara ardiente y tal vez un poco afiebrado, subí por el camino de la cascada y las dos palabras se transformaron súbitamente en otra: expulsión. El rumo sordo del agua, magnificado por la oscuridad, causaba un poco de inquietud. Era una noche cálida como de verano, pero sentí frío. Me senté con la espalda contra un árbol, al borde de la hondonada, y me levanté todo lo que pude el cuello de la camisa. ¿Cuándo fue que la naturaleza comenzó a darnos miedo?, ¿cuándo fue que la noche, su inocente ciclo cotidiano, comenzó a atemorizarnos? No había nada en esa oscuridad, en ese rumor del agua que caía allá en el fondo, en esos temblorosos macizos de árboles entre cuyas ramas chillaba de tanto en tanto un pájaro sobresaltado, nada que estuviera contra mí. Sin embargo, la amenaza acechaba en alguna parte, elemental e innominada. ¿Cómo y por qué se rompió el pacto entre nosotros y la creación? Tal vez hubo una época en que el hombre se sintió en perfecta armonía con el mundo que lo rodeaba, pera era tan difícil creerlo. Lo que a falta de una palabra mejor, ahora, al escribirlo llamo miedo - esa inquietud, el frío, la sensación de extrañeza - no estaba en las cosas ni venía de las cosas. Estaba en mí."